Que haya periodos en que las gentes se lanzaron a la calle y a los comercios, y que ese tráfico haya generado alegremente puestos de trabajo, no quiere decir que la felicidad o el bienestar sean consecuencia del consumo. Sólo una sociedad roma y empujada por la publicidad a comprar, a comer y beber fuera de casa, a buscar en el consumo el remedio contra la depresión es capaz de creer que en el consumo y el endeudamiento está la panacea. Sólo una sociedad embrutecida, dirigida por gobernantes y una oposición embrutecidos pueden suponer que en el consumo está una solución que no sea momentánea, pasajera.
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