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lunes, 5 de junio de 2017

ARGENTINA: Descentralizar migrantes


La idea de descentralizar migrantes que fogonea el Gobierno está fatalmente tiznada de ideología. Para quienes gustan enarbolar la muerte de las ideas en un mundo pragmático, donde la victoria parece ser monopolio de los gerentes, donde la escoba no es el remis de una bruja devaluada sino el instrumento con el que el poder barre los desechos del sistema para fuera, siempre a la periferia, siempre a las regiones fronterizas de la vida. Donde se vean lo menos posible los morenos y las morenas que suelen perder los dientes, que se estropean en la supervivencia, que paren muchos hijos convencidos de que un día se podrá presionar por mayoría, que hablan distinto, que huelen distinto.




La idea de descentralizar migrantes tiene la cara pintada de prejuicio. No es una política pública, de Estado, pensada para los próximos veinte años, para mejorar la calidad de vida de ese loco 25 por ciento de la población que se apiña en el 0,1 por ciento del territorio del país. No es una política revolucionaria que reformará el agro para que los migrantes trabajen la tierra, la produzcan y sea propia. No ancha y ajena, no incalculable y extranjera, no desierta e inviable, no desanimada y sojera. La idea de descentralizar migrantes es un proyecto inmediato, para las xenofobias hacia los vecinos, para los racismos que fruncen la nariz ante un santiagueño o ante un boliviano, sin hacer diferencias. Y les endilgan las culpas absolutas de la desgracia del mundo: la inseguridad de la buena gente, el colapso de los hospitales metropolitanos, el derrumbe del transporte público, los cortes de luz en Hurlingham, las inundaciones en Quilmes y la explosión de las cloacas en Lanús.

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