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domingo, 13 de agosto de 2017

Han conseguido convertir Gaza en un lugar inhabitable


Gaza y Tel Aviv están tan solo a 75 kilómetros de distancia. Comparten la misma topografía arenosa y los mismos veranos levantinos tremendamente calurosos. Pero las similitudes prácticamente terminan ahí. Cualquier imagen nocturna del Mediterráneo oriental tomada por satélite recientemente mostraría un fulgor incandescente sobre Tel Aviv y unas débiles lucecitas al sur sobre Gaza.

Gaza atraviesa el tercer mes consecutivo de restricciones externas a su ya débil suministro eléctrico. Este enclave en el que viven dos millones de personas necesitaría normalmente unos 450 megavatios (Mw) de electricidad al día. Sin embargo, durante la mayor parte de la última década, y como resultado del férreo bloqueo israelí, su suministro eléctrico ha fluctuado en torno a los 200 Mw, lo que ha supuesto persistentes apagones. Pero, según la organización israelí de derechos humanos Gisha, durante los últimos meses el suministro eléctrico a Gaza ha oscilado entre los 140 Mw y un mínimo histórico de 70 Mw, alargando los apagones y el sufrimiento humano.



El informe de Naciones Unidas recuerda al mundo que Israel sigue siendo la potencia ocupante en Gaza, pues controla sus fronteras terrestres, aéreas y marítimas, aunque ya no tenga “soldados sobre el terreno”. Como tal, sigue teniendo la obligación legal de asegurar la salud, la dignidad y el bienestar de su población. En particular, el informe recalca que “las numerosas restricciones impuestas por Israel a los movimientos de personas y bienes hacia el interior y el exterior de Gaza impiden el disfrute de toda una serie de derechos humanos como el derecho a la libertad de movimientos y […] el derecho a la salud, la educación, el trabajo, así como niveles adecuados de vida y una vida familiar”. Las otras partes que comparten responsabilidad por lo que acontece en Gaza –Hamás, la Autoridad Palestina y Egipto– tienen asimismo el deber legal de observar los derechos humanos y los estándares humanitarios, algo que no siempre se ha cumplido en los últimos años.

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