Todo el mundo se pregunta cómo pasará sus últimos días; si serán felices, aburridos o solitarios. Hay quienes, tras cuestionárselo, actuaron para evitar pretéritos oscuros. Llegar a la tercera edad en una gran ciudad puede ser complicado, mientras que en un pueblo las necesidades básicas se vuelven tediosas una vez que el cuerpo empieza a fallar y se depende de terceras personas.
El norte de Europa generó alternativas ya en los años ochenta que poco a poco han ido bajando hasta España. El anglicismo de moda para este movimiento es el de cohousing y se basa en la compra de terrenos en los que construir casas y zonas comunes, así como servicios médicos y cocina para que la gente se mueva a este tipo de comunidades pequeñas, autogestionadas, donde poder ser atendidos y envejecer en común.
El modelo cooperativista, cada vez más común en negocios nacionales, puede ayudar a vivir una apacible tercera edad, alejada del silencio y el olvido. Paco Romero, de Lógica Eco, ayuda a organizar este tipo de iniciativas desde un punto de vista ecologista y cree que lo que lleva a la gente a lanzarse a estos proyectos es el temor a la soledad: "Estas personas tienen miedo a la enfermedad y a la dependencia, no quieren ser una carga para sus hijos", declara.
No es fácil entrar en el sexenio y empezar a organizar un proyecto de este calibre. "Es complicado para los mayores verse de golpe convertidos en promotores. La cooperativa es la dueña de las instalaciones y los cede en usufructo indefinido. Cuando el inquilino fallece, el dinero que puso para la construcción lo recuperan sus herederos, pero no la casa, que se la queda la cooperativa. El que quiera entrar a vivir tendrá que aportar de nuevo esa cantidad de dinero", explica Romero.

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