A orillas del majestuoso Lago de Atitlán, en las tierras altas del suroeste de Guatemala, el pequeño pueblo de San Pedro La Laguna se ha convertido discretamente en un pionero nacional contra la contaminación por plástico, uno de los desafíos ambientales más apremiantes de nuestro tiempo.
“Cuando asumí el cargo, el vertedero municipal estaba saturado de plásticos y la mayoría de los residuos terminaban en el lago”, dice Mauricio Méndez, el alcalde del pueblo, que tiene una población de aproximadamente 14.000 habitantes, el 90% de origen indígena maya. “Necesitábamos actuar rápido”.
Después de consultar con la comunidad y los líderes religiosos, Méndez obtuvo la aprobación municipal para prohibir la venta y distribución de bolsas de plástico desechables, pajillas (pajitas) y envases de poliestireno expandido. Al hacerlo, San Pedro La Laguna se convirtió en la primera comunidad en Guatemala en deshacerse de los plásticos de un solo uso.

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