Los golpes de Estado “de nuevo tipo”, organizados por el imperialismo y las oligarquías latinoamericanas han sido constituidos en gran medida apelando a los principios del “Estado de Derecho”, a la “democracia”, y se han vinculado al uso político de los poderes de Justicia (Lawfare). Enormes cruzadas contra la corrupción y el aseguramiento o salvaguardia del “Estado de Derecho”, han sido de las principales formas encontradas por las clases dominantes locales y el imperialismo, para frustrar a los gobiernos ajenos a sus intereses. A poco más de tres meses del Golpe, Michel Temer, en su participación en la 71ª Asamblea General de la ONU (SEPT/2016), señaló que el proceso de destitución de Dilma Rousseff respetó “el inquebrantable compromiso con la democracia”, y señaló que Brasil “dio al mundo un ejemplo de que no puede haber democracia sin Estado de derecho”. Los casos se presentan no sólo en Brasil, sino en Honduras, Paraguay, Argentina, Ecuador, entre otros

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