dimecres, 19 de juny del 2019

Elecciones en Guatemala: ¿quién ganó y quién perdió?


Luego de cada proceso electoral suele decirse que “ganó el país” o “ganó la democracia”. Más allá de esa banalidad –que, en realidad, no es tan banal, sino que hace parte de la ideología dominante que encubre siempre la verdad de las cosas: la democracia representativa en un engaño bien pergeñado para seguir manteniendo la explotación de la clase trabajadora–, más allá de esa tontera que se nos quiere hacer creer, se abre una pregunta básica: ¿qué sigue después de todo el montaje de estas elecciones democráticas trilladas?




La respuesta inmediata es: ¡nada ha cambiado! Y lo más patético de todo: ¡¡ni puede cambiar!! Estas democracias formales son solo un cambio de administración, de gerente (¿de capataz?). Los verdaderos factores de poder (grandes empresarios, terratenientes, banqueros, y para el caso de nuestros países latinoamericanos: la Embajada de Estados Unidos, auténtico “poder tras el trono”) no cambian con ninguna elección. ¿Manda el pueblo? No parece…. La democracia como supuesto “gobierno del pueblo” en todo caso, con restricciones si se quiere, pero como experiencias verdaderas, se encuentra en los socialismos reales, en las asambleas comunitarias, en los cabildos populares, en los comités de base. Lo demás, lo que conocemos aquí, como dijera Jorge Luis Borges, “es una ficción estadística”.

Cada vez que un gobierno democrático (de estas democracias formales, de cartón) intenta ir más allá de lo que le permite la institucionalidad vigente y pretende tocar los verdaderos resortes del poder (reforma agraria, nacionalizaciones, leyes populares demasiado “subidas de tono”), viene el golpe de Estado

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