"Las finanzas offshore ya no son un evento secundario exótico junto con las finanzas regulares y reguladas, sino que se han convertido en la nueva norma", aseguran los autores
Al igual que muchos grandes acuerdos, la privatización de Rosneft utiliza una estructura de compañías ficticias que son propietarias de otras empresas ficticias en todas las jurisdicciones extraterritoriales. En este caso, dejó un rastro de papel sin salida desde Qatar y Suiza a una empresa de Singapur, propiedad de una empresa con sede en Londres, que a su vez está controlada por un buzón de correo en las Islas Caimán, registrado en la dirección de un prestigioso bufete de abogados. Aunque el acuerdo sigue siendo un misterio, muestra cómo los ricos y poderosos esconden y transfieren sus activos, incluyendo grandes transacciones de importancia geopolítica, en completo anonimato.
Este ensayo se centra en el turbio reino financiero conocido como finanzas offshore. Demuestra que las finanzas extraterritoriales no se tratan únicamente de que el capital se mueva más allá del alcance de los Estados, sino que implican la desmembración y comercialización desenfrenadas de la propia soberanía del Estado.
Las jurisdicciones offshore cultivan, efectivamente, dos regímenes jurídicos paralelos. Por un lado, tenemos el espacio regulado y gravado estándar para los ciudadanos nacionales en el que todos vivimos, y por otro, tenemos un espacio extraterritorial secreto offshore reservado exclusivamente para las empresas y los multimillonarios extranjeros, o para el capital no residente, que comprende “un conjunto de ámbitos jurídicos marcados por una mayor o menor retirada de la regulación y de la fiscalidad”.

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