Se puede comenzar eliminando el argumento falsamente ingenuo que pretende imaginar un salario mínimo uniforme en todos los países. Teniendo en cuenta las diferencias considerables en los salarios, sería o bien demasiado bajo, o fuera de alcance. Pero la propuesta obviamente no es esa. Cuando hablamos del salario mínimo europeo tenemos que entender: sistema de salarios mínimos. En cada país habría un salario mínimo cuyo nivel tendría en cuenta su grado de desarrollo. No se trata pues de un valor absoluto sino de un valor relativo. El objetivo es definir una norma social europea común, pero adaptada a las realidades de cada país.
En las diversas etapas de la construcción europea, nunca han faltado las promesas de un componente social. La idea de un salario mínimo europeo se ha mencionado incluso durante al menos 20 años. Por otro lado, la implementación de estas hermosas resoluciones se ha pospuesto permanentemente a mejores días, y esto sin duda contribuye a explicar la desafección de la ciudadanía en las elecciones europeas.
En un artículo publicado en La Revue de IRES (al que esta texto debe mucho), Thorsten Schulten, Torsten Müller y Line Eldring recordaban que en 1961 la Carta Social Europea, elaborada por el Consejo de Europa afirmaba [en su art. 4.1, ndt] "el derecho de los trabajadores a una remuneración suficiente que les proporcione a ellos y a sus familias un nivel de vida satisfatorio”. A mediados de la década de 1990, el Consejo de Europa definirá este salario justo y decente como el que representa, al menos, el 60% del salario neto promedio.

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