dimecres, 12 de juny del 2019

La delgada línea entre tradición y trata infantil en África occidental


Cuatro adolescentes nigerianas de 15 y 16 años se sientan juntas en un autobús en Cotonou, la capital comercial de Benín, para emprender la última parte de su viaje a Malí, donde se les ha asegurado que sus nuevos esposos las aguardan.

Partieron de sus hogares en el  este de Nigeria, donde, según le dijeron sus padres, concertaron su matrimonio con connacionales que viven en Malí.

“Cuatro compatriotas me pidieron que les trajera esposas jóvenes porque quieren casarse. Estoy seguro de que serán felices”, dice a IPS un traficante de personas, que solo se identifica como Wiseman, mientras el autobús donde ya abordaron las cuatro chicas se apresta a partir hacia Bamako, la capital maliense. A IPS no se le permite hablar con las adolescentes, que parecen ansiosas.


Hadijatou Mani fue liberada este año de su condición de esclavitud como “quinta esposa” de un anciano musulmán de Níger, que la “adquirió” por un puñado de dinero para ser sirvienta y esclava sexual

Wiseman aseguró que “negocié con los padres y les di un pago inicial como dotes, eso seguramente les ayudará a comenzar un pequeño negocio o compran semillas para la agricultura. Estas chicas son afortunadas porque trabajarán y realizarán los deberes de las esposas, por lo que sus vidas deberían mejorar mucho”.

Pero en realidad, nadie sabe sus verdaderas intenciones tanto de él como de los hombres que le “encargaron” encontrar a las chicas, si es que ellos existen.




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