dimarts, 18 de juny del 2019

¿Quiénes y por qué sostienen al impopular gobierno haitiano?


Jovenel Moïse, presidente de Haití, no es un rey sin corona. Al contrario, tiene corona, cetro, trono, y todos los atributos formales del poder político. Pero prácticamente ninguno de sus atributos reales. Pero siendo así, ¿cómo es posible que se sostenga en el poder un presidente que sorteó innumerables movilizaciones de masas en los últimos dos años, huelgas generales, una insurrección popular que lo dio vuelta todo en julio del 2018 y un bloqueo que paralizó al país en febrero de este año durante más de diez días? ¿Cómo es posible que lo haga concertando el repudio unánime de partidos de todo el espectro político; de los movimientos sociales rurales y urbanos; de los organismos de derechos humanos y las ONGs progresistas; de los parlamentarios que decidieron no convalidar la designación del primer ministro por él elegido; de parte del poder judicial y sus máximos tribunales, que insisten en su culpabilidad en el desfalco de fondos millonarios; de los ex primeros ministros que se han sucedido espasmódicamente en el cargo e invariablemente lo han abandonado con invectivas contra su persona; e incluso de los sectores patronales agrupados en el Foro Económico Privado y de la Iglesia Católica, que amenaza con pasarse con velas y bagajes al difuso y contradictorio campo de la oposición? 




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