Los esclavos de hoy pueden ser inmigrantes que trabajan de sol a sol en viveros de agricultura intensiva en Europa o en Estados Unidos, obreros de la construcción a destajo y sin derechos reconocidos, así como tejedores de alfombras o de prendas deportivas en Asia para las grandes transnacionales. Los esclavos de nuestros días padecen tratos brutales en ambientes más estresantes que los de la antigüedad, porque estos no sabían que eran sujetos de derechos. La esclavitud sexual es otra forma de sometimiento aberrante. A las redes de explotación sexual que afectan a mujeres, a niños y a emigrantes, hay que añadir formas de matrimonio forzado que entrañan la esclavitud de las mujeres. Hay que considerar como forma de esclavitud lo que sucede con los niños reclutados a la fuerza por los ejércitos de Sudán, de Somalia, Liberia, Zaire o Sierra Leona. En Latinoamérica hay miles de adultos coaccionados para alistarse en ejércitos regulares, en guerrillas o grupos paramilitaresseguir leyendo en Ecoportal
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