
El mundo ha llegado al siglo XXI inmerso en una realidad global preocupante. A pesar del crecimiento económico prolongado, la desigualdad, la pobreza, la injusticia y la violencia que caracterizaron al siglo XX no han sido resueltas, e incluso en muchos casos se han agudizado. A todo esto, debemos sumarle el hecho de que los límites a ese crecimiento han comenzado a ser evidentes, mostrando un mundo sumido en una crisis ecológica impensada hasta hace pocas décadas. El ser humano y su vida en la Tierra, tal como la conocemos, corren peligro.
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