
Hay intencionalidad cuando se confunde a la movilización ciudadana española con los hechos de la Plaza Tahrir. Infantilmente se intenta ocultar que los españoles están hartos de sufrir el ajuste neoliberal propuesto por una clase política a la que consideran inepta. En efecto, mientras lo de Egipto estuvo dirigido a romper con una larga dictadura, lo de Madrid es asimilable a la protesta social argentina del año 2001. En ambos casos la consigna más fuerte apuntó a la clase política y se sintetizó en la frase “que se vayan todos”
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