Compartir, es la única solución para evitar las gravísimas desigualdades sociales y asimetrías a que ha conducido el neoliberalismo globalizador.
Es éticamente inaceptable que cada día mueran de hambre más de 20.000 personas al tiempo que se invierten 3.000 millones de dólares en gastos militares y armamento. Bastaría con una reducción razonable de estas ingentes y desproporcionadas cifras para que pudieran incrementarse rápida y sustancialmente las ayudas al desarrollo endógeno, sostenible y humano en todo el mundo; se atendiera el legado intergeneracional del medio ambiente, asegurando que se impida el deterioro irreversible de la habitabilidad de la Tierra; la cooperación internacional permitiría la realización de las grandes prioridades de la ONU: alimentación, agua, salud, ecología, educación, paz; y se haría posible el “nuevo comienzo” que preconiza la Carta de la Tierra.

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