Antes fue Grecia y ahora España, ambos países parecen haber iniciando el camino del cambio en Europa. El cambio, sí. Pero, como advierte el poeta Marcos Ana, los cambios, si lo son, son lentos. Nunca es una carrera de velocidad sino una maratón. El cambio irreemplazable en los países de Europa será lento, aparte de difícil, costoso. Pero imprescindible y, por tanto, imparable. El cambio para sustituir esta Unión Europea al descarado servicio del poder financiero, de las grandes empresas y corporaciones por otra que defienda los intereses de la gente común.
En España esa necesidad de cambio se muestra en las elecciones municipales y regionales. Han vencido las coaliciones y plataformas de unidad popular en las grandes ciudades (Madrid, Barcelona, Zaragoza, Sevilla, Valencia, A Coruña, Alicante, Santiago…) y en casi todas las regiones, echando al Partido Popular a la oposición, al fiel ejecutor de las nefastas políticas de austeridad y recortes sociales que imponen la Comisión Europea y el BCE.

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