Cuando el finado subcomandante insurgente Marcos formuló su tesis sobre la Cuarta Guerra Mundial, en fecha tan temprana como 1999, estaba no sólo anticipando lo que sucedería en los años siguientes en México sino también en todo el mundo. La tesis zapatista tiene la ventaja sobre otras formulaciones, en particular la “acumulación por desposesión”, de que consigue una explicación integral y no sólo económica de la realidad actual del capitalismo.
“Ahora el enemigo es la humanidad”, dijo Marcos, al explicar cómo en esta nueva guerra el capital considera a los pueblos como estorbos a la hora de apropiarse de la vida: el agua, la biodiversidad, la naturaleza, todo aquello que necesita para seguir dominando el planeta.
El reciente asesinato de Berta Cáceres puede inscribirse en esta lógica tremenda de guerra contra la humanidad. Su delito, desde el punto de vista del capital, fue haber conseguido detener la construcción de la represa de Agua Zarca que iba a ser ejecutada por la mayor empresa hidroeléctrica china, Sinohydro Corporation, junto con la constructora local DESA.

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