Circulan por las noticias del mundo las burlas contra personas que piden limosna en las zonas donde los aficionados de distintos equipos de fútbol se ponían hasta arriba de cerveza y gritaban improperios. Las imágenes muestran a un tipo que quema un billete en la cara de una mujer gitana que pide dinero, o a otros que lanzan monedas desde su silla en la Plaza Mayor de Madrid o a uno que, con gestos, insinúa que soltará la limosna si otra mujer es capaz de hacer de imitar sus contorsiones. La mujer se pone a hacer flexiones y “se gana unas monedas”. También hay imágenes de dos “aficionados” que orinaron encima de una señora en Roma.
No tarda mucha gente en asociar fútbol y alcohol con estos comportamientos, como si todos los aficionados del deporte se comportaran como patanes cuando se toman dos, tres, cinco o veinte cervezas. Se llevan las manos a la cabeza como si estas humillaciones no ocurrieran con frecuencia desde hace años y en otros contextos, muchas veces en versiones de mayor violencia.

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