Quizá, tras este pequeño listado de contradicciones, se entiende mejor por qué, tras cada atentado, aparece esa socialización del terror como un minuto de silencio que se alarga, infinito y censor, hasta el siguiente. La situación a evitar es que ese ciudadano vea la imagen general y comprenda que el terrorismo no es más que el enésimo problema que le plantea un sistema fallido, que habla de derechos humanos pero sólo defiende el derecho a entender el mundo como un negocio mediado por la guerra.
Que ese ciudadano comprenda que su legítimo derecho a la seguridad no va a ser garantizado por la injerencia y el militarismo, sino por un desarrollo del mundo árabe autónomo, laico y democrático. La situación a evitar es que ese ciudadano comprenda que la persona que se ahoga en el Mediterráneo o ve a sus hijos cubiertos de barro en Idomeni es víctima de la misma situación que el que es asesinado en Bruselas cuando va a trabajar.

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