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domingo, 10 de abril de 2016

“Tenemos que tomar conciencia de que no los necesitamos”

El sistema financiero actual, que comprende la existencia de mecanismos como las empresas offshore, ya no puede dar más pruebas de su carácter depredador. Dependerá de las sociedades organizarse para cambiarlo, sostiene el economista Luis Lozano Arredondo, coordinador del Centro de Análisis Multidisciplinarios de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam).



En México 16 personas concentran una riqueza que equivale al 15 por ciento del producto bruto interno (Pbi), según información oficial. De esa masa de dinero, se calcula que un 8 por ciento se encuentra en paraísos fiscales o bien fue pasado por alguno de los mecanismos de ingeniería financiera que permiten ocultarlo.

Ese porcentaje equivale al doble del sector agroexportador nacional, del que dependen casi 7 millones de personas. En este país se invierte apenas 0,8 por ciento del Pbi en la educación pública. Haga números. ¿Cuántas generaciones de universitarios, científicos y técnicos podrían haberse formado con la riqueza de uno o dos de estos hombres?

 “Es un sistema criminal, promovido por el marco legal del sector financiero mexicano, que permite sacar dinero del país sin pagar ningún tipo de impuesto. Claro que no es ilegal que tengas dinero y lo inviertas, pero ¿por qué no lo dejan en México, si es una plaza tan atractiva para las inversiones, como insisten los secretarios de Economía o Hacienda? ¿Por qué la llevan a paraísos fiscales?”. Lozano tiene su respuesta: “A esta gente no le interesan los pobres, sólo su ganancia”.
No es nada nuevo, dice. Estos instrumentos de triangulación fueron creados en Estados Unidos en los años setenta. “Son papeles que aparentan estar ahí pero en realidad no existen. Son como lo que muestra la película El lobo de Wall Street. Nadie lo impide porque está dentro de las tácticas financieras que los hicieron legales.”

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