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jueves, 21 de abril de 2016

Un mundo coral




Si se habla de siglo XXI con espíritu prospectivo hay dos realidades que no pueden dejarse de lado: primero, ya ningún país, ni el más poderoso, puede solucionar por si solo todos los problemas del devenir mundial; segundo, nunca como ahora la sociedad civil, en todos los continentes, se intercomunica y sigue el acontecer que le importa, el cercano y el lejano. Y, por ello, opina y exige más sobre el papel internacional que espera de su país. Ese es el marco para un nuevo orden mundial.

La realidad convoca a trabajar prioritariamente en el área de las negociaciones y los consensos. Habrá quiebras y crisis pero ya está claro que la imposición del poder militar como solución mayor no garantiza nada. Irak demostró que puede ser fácil ganar la guerra, pero muy difícil ganar la paz. Y los ejemplos se multiplican. Todo ello lleva a la cuestión de fondo: ¿cómo se convive en un mundo intercomunicado con ideologías diversas, con religiones distintas, con urbanización creciente, con educación precaria para las aspiraciones de los jóvenes en su afán de crear futuro? Uso el verbo convivir en su significado esencial: saber vivir uno junto a otros, aunque no seamos iguales ni pensemos lo mismo. Ahí está el eje del orden a crear.

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