El Leicester es una oda al fútbol de abajo y puede ser empleado como una resistencia contra el fútbol negocio.
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| Salida del estadio King Power de los aficionados del Leicester. |
El Leicester es una patada al fútbol negocio. Un ejemplo de cholismo, de que cuando se cree y se trabaja, se puede. Su juego no marca una época pero su pasión marcará la vida de sus hinchas. Nadie daba un duro por este equipo británico al inicio de la temporada pero ha sorprendido al mundo entero con su fútbol directo. Es el tercer equipo de Europa que más balones juega en largo y ha aprovechado sus armas para hacer historia con el título de la Premier. No ha tenido nada a su favor, los árbitros no lo han beneficiado (sustituyeron al colegiado del Stoke–Tottenham por ser fan del Leicester) y los poderes fácticos del deporte no lo querían en la Champions y por eso venden la idea de una Liga Europea cerrada para grandes clubes.
El triunfo del Leicester debe conllevar una reacción de los hinchas y no una masturbación al aficionado medio. Debe servir como estandarte para movilizarnos por democratizar el fútbol, desmercantilizarlo y que sea un deporte en manos de los aficionados y no el patrimonio de unos pocos privilegiados. Para ello hay que comprometerse con el fútbol de nuestros barrios y de nuestras ciudades y no sólo consumir en silencio la bonita historia del Leicester sentados en el sofá.

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