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martes, 16 de agosto de 2016

Las religiones en la política internacional



Desde hace más o menos cincuenta años la religión parece estar ocupando un notable peso en los conflictos mundiales. Este hecho sucede a un largo período de tiempo en que las religiones parecían no tener relevancia en las relaciones internacionales. No se trata, sin embargo, de un regreso del fenómeno espiritual sino de la religión como instrumento político. La dimensión instrumental se desarrolla en dos vertientes: como revitalización de identidades y como pretexto para justificar estrategias y hechos de otro modo injustificables. El historiador y economista libanés Georges Corm lo plantea de una manera contundente: “El retorno de lo religioso es un importante fenómeno político que de religioso sólo tiene el nombre”. De ahí que el papa Francisco tenga razón al afirmar que no hay una guerra de religiones.

El mosaico de religiones es muy amplio, sobre todo si sumamos la ingente cantidad de movimientos y confesiones con frecuencia divididas y subdivididas. Pero en este artículo me fijo en las tres grandes monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam, que comparten un origen semítico, reconociendo en todo caso la creciente importancia de las religiones de procedencia india de orientación mística, y las de tradición china. Lo curioso es que las tres grandes religiones monoteístas, comparten elementos comunes que en lugar de unirlas las confronta debido a diferentes interpretaciones que generan hostilidad. Pero no es indagar en qué las une y qué las separa el objeto de este texto, sino reflexionar el por qué de su mayor presencia en la política internacional y sus conflictos.

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