“Rajoy, en definitiva, no será presidente por los votos de los españoles, sino por la decisión de activar un plan que un grupo de patricios tomó entre el humo de los puros y el agitado de una copa de brandy. Está hecho”, reflexiona el autor.
No nos hará falta recurrir a la sibila para que profetice el resultado de la sesión de investidura que antes del fin de esta semana hará a Rajoy presidente del Gobierno. Es extraño, tras meses inmersos en esta correlación de debilidades, que después de tanta incertidumbre, al final, seamos capaces de anticipar el resultado. Lo que se presenta como sencillez o naturalidad, el normal devenir de la cosas, es la solución apresurada a un momento inusual.
La forma en la que se ha llegado hasta aquí, lejos de ser un trayecto cómodo, ha resultado un camino accidentado, sibilino, en el sentido de cómo las adivinas no eran más que instrumentos interesados para torcer la voluntad de quien iba a consultarlas.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada