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domingo, 2 de octubre de 2016

UNA LUZ PARA COLOMBIA. Por Enrique Lacolla*

Una etapa esperanzadora se abre para Colombia. Termina la guerra civil más prolongada de Latinoamérica. Hizo falta una compleja conjunción de fenómenos para que este proceso dirigido hacia la paz haya dado frutos.




Callan las armas en Colombia. Después de 52 años de guerra, o de 68 si ciframos el punto de partida del conflicto en el asesinato del caudillo popular Jorge Eliecer Gaitán, que dio lugar al bogotazo e inauguró “La Violencia”, una luz de esperanza se abre en la martirizada patria de Bolívar y Nariño.[i]

Hubieron treguas antes, y hasta un acuerdo, en 1984, que pareció había de acabar con el conflicto entre las FARC y el estado, pero por entonces la reacción de los sectores del privilegio y de las formaciones paramilitares, que acabaron con la vida de centenares de guerrilleros vueltos a la legalidad, terminó con la experiencia y volvió a sumir a Colombia en un caos interminable, donde se fusionaban elementos tan contradictorios como la guerrilla de inspiración marxista y el contubernio con el narcotráfico; y el ejército regular con los paramilitares, proyección estos últimos de la casta latifundista que se sentía amenazada por una eventual reforma agraria y que reaccionaba con inaudita violencia para liquidar a los elementos que podían simpatizar con ella.

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