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sábado, 20 de mayo de 2017

EE UU: Justificar la violencia con mentiras


A escala global, es asombrosa la ligereza con que los medios corporativos estadounidenses falsean y tergiversan realidades en función de sus fines, generalmente retorcidos y siempre a favor del capital y adversos a los pueblos.

Son capaces de convertir la imagen de un líder popular en la de un brutal dictador en cuestión de días, aunque se trate de un dirigente aclamado por su pueblo y repetidamente votado en elecciones de incuestionable limpieza. Pueden transformar la imagen pública de fanáticos religiosos en prototipos de respetuosos demócratas y las de gobernantes tiránicos en nobles activistas por los derechos humanos. Cualquier nación del Tercer Mundo que fortalezca sus defensas ante amenazas de intervención imperialista en sus asuntos puede convertirse a los ojos del norteamericano común en un potencial agresor peligroso para sus vecinos.




Para que se cierre el círculo, se requiere una masa preparada debidamente para asimilar tales manipulaciones. El gran desarrollo de los métodos de propaganda, de las relaciones públicas, la publicidad y la comunicación en general –internet incluido–, conforman un escenario idóneo para que ello ocurra en Estados Unidos. Bienaventuradamente no es así en todas partes.

Todas las guerras de Estados Unidos han comenzado con una gran mentira ajustada a necesidades internas de la superpotencia, dirigidas a acomodar al Congreso, la opinión pública nacional, la extranjera, o a intereses específicos de algún sector del imperio. En todos los casos, la cúpula imperial ha utilizado el control que ésta ejerce sobre los medios fundamentales de información (mainstream media) y todos los recursos del gobierno para apoyar esas fabricaciones.

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