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miércoles, 10 de mayo de 2017

El horror se instala en Europa



El número de quienes han fallecido en el Mediterráneo y el Atlántico tratando de alcanzar las costas europeas podría superar las decenas de miles. En la frontera que separa México y Estados Unidos, patrullas de vigilantes voluntarios disparan a los espaldas mojadas que cruzan el desierto y el muro. El PSOE impulsó durante su Gobierno la reclusión de madres de familia extranjeras en centros de internamiento que solo se distinguen de una penitenciaría en el nombre. Sin que nadie se lo hubiera pedido -y sin aportar números que lo justificasen-, el Partido Popular aprobó poco después de llegar al poder la introducción de un apartheid sanitario que desprotege a centenares de miles de nuestros vecinos de barrio.




Este juego electoral de parvulario ignora la regla de oro de la movilidad global: son las expectativas de ingreso y la evolución de los mercados de trabajo las que determinan los procesos migratorios, que se producen fuera del sistema si no existe posibilidad de hacerlo dentro. La inmigración irregular es la consecuencia lógica de un modelo de puerta estrecha que durante los años buenos impide la llegada de los trabajadores que precisan nuestras economías y durante los años malos los atrapa sin posibilidad de retorno. Un sistema tan inmoral como idiota que perjudica los intereses de todas las partes afectadas: países de origen, inmigrantes y, con toda certeza, sociedades de destino.

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