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domingo, 16 de julio de 2017

¿De la "desconexión española" a la "humillación catalana"?


En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. La famosa frase del poeta Ramón de Campoamor parece hecha a medida para comprender algo de lo que ocurre estas últimas semanas en la cansada y viciada relación entre Cataluña y el aparataje del Estado español. La A-2, autovía que une Madrid y Cataluña, tan concurrida en estos meses estivales, parece una metáfora del horizonte que separa dos mundos políticos, sociales, ideológicos y simbólicos que hace tiempo dejaron de dialogar y complementarse.

Cuando por esta vía rápida, dirección Madrid, se cruza la llanura aragonesa, el dial de la radio hace imposible sintonizar Catalunya Radio, RAC1 y otras emisoras catalanas, dejando atrás un mundo para llegar al otro: España. Y, por regla general, se habla de Cataluña con tal supuesto nivel de conocimiento que parece que lo que ocurre allí fuera un espejismo, una fantasía o, en el peor de los casos, una mentira que nada tiene de real, de verdad o de vivencias





Las llamadas “leyes de desconexión” catalanas, que pretenden generar una legalidad propia a la que obedecer, para dejar de cumplir con la legislación española, se dan la vuelta. Conforme el coche se adentra en la meseta y las radios reflejan la visión española de Cataluña, a uno le entra la duda de si la desconexión no es bidireccional, de si Madrid se desconecta de Barcelona al mismo ritmo, o mayor, del que el independentismo impone en el Parlament para dejar de lado la legalidad española.

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