Concienciar, contextualizar y proponer medidas ante el mayor reto que la humanidad tiene por delante: la crisis climática.
Cuando piensa en emergencia climática, palabra de moda tras los últimos acontecimientos político-sociales y periodísticos, a Emilio Santiago le viene a la cabeza la economía de guerra de la II Guerra Mundial, «en referencia al modelo de transformación política que las emergencias climáticas deberían inspirar». Para él y para Héctor Tejero, la declaración de emergencia climática es «un hito simbólico e importante para situar el debate en el espacio público», pero «insuficiente» si no se acompaña «de una serie de reformas estructurales, muy intensas y cortas en el tiempo», cuenta Santiago, que se muestra claro en varias ocasiones: «no es un juego de todo o nada».
Una emergencia que, como citan en el libro, es el síntoma de una enfermedad llamada capitalismo. Esta, además, tiene un tercer implicado que son los lobbies, bacterias encargadas de que los anticuerpos no consigan vencer. «Son los malos de la película», afirma Tejero en referencia a los grupos de presión y a los que señala como la mayor amenaza de la lucha climática y la transición ecológica. Santiago, además, añade «un culpable con nombre y apellido»: «Los proyectos políticos que apuestan por un modelo de transición radicalmente distinto», mencionando a la extrema derecha y Trump como «ejemplo de alguien que quiere apurar la era de los combustibles fósiles lo máximo»

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