El Morro de Santa Marta llama la atención por sus casas de vivos colores, en contraste con otras favelas, uniformadas por el predominante color rojizo de los ladrillos sin revoque. Pionero en muchas iniciativas, este barrio pobre y hacinado de esta ciudad brasileña de Río de Janeiro vuelve a serlo ahora por el desarrollo de la energía solar.
Pequeña, con 1.177 domicilios y 3.913 habitantes, según el censo de 2010, que los pobladores consideran muy inferior a la cifra real, la favela es muy visible en el tradicional barrio de Botafogo, al ubicarse en una escarpada pendiente del complejo montañoso y forestal al que rodea la urbe carioca.
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Viviendas de la favela Santa Marta.
Una mirada desde la parte alta muestra la novedad de los tres últimos años, paneles fotovoltaicos se incorporaron a algunos techos. La energía solar ya beneficia a guarderías, una clínica, una escuela de música y otras instituciones públicas, por iniciativa de Insolar, una empresa cuyo fundador, Henrique Drumond, define como un “negocio social”.
Insolar movilizó apoyo financiero de instituciones y empresas, como la compañía angloholandesa Shell, para instalar esos sistemas y asegurar iluminación de emergencia en locales muy concurridos durante los frecuentes apagones, además de enchufes para cargar baterías de teléfonos celulares.
El próximo paso deberá favorecer parte de los 100 negocios que se estima que hay en Santa Marta, cuyo bienestar aún es afectado por el agua servida a cielo abierto, algunas endebles viviendas en peligro de derrumbe y eventuales interrupciones en el suministro de agua, energía y en el ascensor de rieles.
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