La ontología hegemónica que considera la separación absoluta entre sociedad y naturaleza puede mostrar de manera práctica avances espectaculares en cuanto a logros materiales.
No obstante, también muestra grandes problemas que están poniendo en cuestión la vida humana en el planeta por lo que al final el balance es negativo. Ello obliga a buscar un giro ontológico que permita reencontrarnos con nuestra esencia y recuperar las estrechas relaciones colaborativas entre sociedad y naturaleza.
Aunque todavía son muy fuertes las soluciones orientadas al desarrollo o incluso al desarrollo sostenible, éstas muestran su agotamiento porque en el fondo no han sido capaces de superar un paradigma economicista por más que apelen a la incorporación de consideraciones sociales y ambientales. Por esa razón desde el pensamiento del sur se están buscando alternativas al desarrollo. Dentro de esta pléyade de opciones aparecen el buen vivir y el Biodesarrollo, entre otras. Lo que se plantea entonces es girar de sociedades mercadocéntricas a sociedades biocéntricas en la que el eje fundamental sea la vida misma, más allá de su valor utilitario para el ser humano.

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