Latinoamérica ostenta el título de ser la región con la tasa de homicidios más elevada del mundo. El nivel de violencia en las ciudades de América Latina se parece, por la intensidad, a un escenario de guerra silenciosa o guerra invisible. 7 de los 20 países con mayor tasa de asesinatos mundiales en 2017 son latinoamericanos. De las 50 ciudades con niveles de homicidios más altos, 42 están en América Latina, Los Cabos (México 365 homicidios), Caracas (Venezuela 3.387 homicidios), Acapulco (México 910 homicidios), Natal (Brasil 1.378 homicidios) y Tijuana (México 1.897 homicidios) son ciudades que superan las 100 muertes por cada 100.000 habitantes y año.
La mayoría de estas muertes no son fruto de las guerras, de conflictos armados, no son luchas por el poder político, son producto de economías ilegales como el narcotráfico, el tráfico de personas u órganos, de la violencia de bandas o maras, del control territorial y de la violencia interpersonal en la vida cotidiana. Economías que no funcionan sin la aplicación de violencia.
Las bandas, las maras o el narcotráfico, con sus formas de control territorial, de control de la vida de las personas que viven en ese territorio, de la extorsión económica que ejercen, de la imposición de trabajar para ellos o del miedo que imponen, rompen las estructuras relacionales de la población.

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