El futuro gobierno argentino, además del sustento que le den los votos que consigan Alberto Fernández y Cristina Kirchner en las elecciones del próximo domingo 27 de octubre y de la diferencia que logren sobre el derrotado oficialismo de Mauricio Macri, Elisa Carrió y Miguel Pichetto, se sostendrá en un fenomenal acuerdo inaugural entre distintos partidos políticos, centrales obreras, movimientos sociales, la inmensa mayoría de los gobernadores e intendentes argentinos, uniones patronales y de comercio, sectores agrarios, universitarios, religiosos.
Alrededor de ese núcleo policlasista y multisectorial, pocas veces alcanzado en la política local, sobrevolará -ya lo está haciendo- la presión de las representaciones de los sectores más poderosos y concentrados de la economía y las finanzas transnacionales, articulados con los operadores del mercado nacional.
Cuando más estratégico y de importancia global es el área de la que deberá ocuparse el nuevo gobierno, más fuertes son y serán las presiones, más duros los condicionamientos y más conspirativos los lobbies.

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