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dijous, 10 d’octubre de 2019

Ecuador: Lenin contra Lenin


La insurrección siempre ha sido un arma de los pueblos humildes, de esos condenados de la tierra de los que hablaba Frantz Fannon. Es una alternativa necesaria y un espejo en el que obligatoriamente hay que mirarse, cuando llega el momento en que se agotan las posibilidades de diálogo con los de arriba, y el abajo se mueve desde la izquierda. Un buen día, los humillados y desposeídos se plantan y gritan un contundente “basta ya!” y a partir de ese momento todo se hace posible, incluso hasta la toma del poder.




En términos de la práctica política, significa también que la lucha de clases pasa a ocupar un lugar preponderante y por más que se la quiera ocultar, estalla con toda su fuerza y conmueve los cimientos de los “palacios de invierno». Eso es precisamente lo que hoy está ocurriendo en Ecuador. Se acabaron los paños fríos, las excusas y las mentiras con que el gobierno de Lenin Moreno intentó «hacer tiempo”, mientras preparaba el paquete de medidas que le impuso el Fondo Monetario Internacional. Eso significa que llegado el momento, aquellos a los que se vende el alma, exigen que se pague peaje, y que no se titubee en poner en marcha lo pactado. Arrodillado, sometido y vergonzosamente alejado de sus principios (si es que alguna vez los tuvo), Moreno ejecuta lo que le ordena Washington y si tiene que matar, mata con total impunidad. A veces lo hacen a balazos (Haití es un ejemplo similar) y otras, como en Argentina y Brasil, también le agregan la agonía que provocan la desocupación, la extrema pobreza, la pérdida de soberanía.

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