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dimecres, 9 d’octubre de 2019

La duda es un arma cargada de futuro


Economía, política y medios: la temible trilogía del poder. Tres bienaventuranzas huecas y un solo mal verdadero: el orden que trastoca los perímetros que jerarquiza. La doctrina que vuelve espurio lo que toca. Apenas, acaso, aprovecha la capacidad de personas y sociedades para diseccionar con bisturí los peculiares relatos del poder e identificar sin lupa los códigos de cada narrativa política y mediática.

Las ilusiones totalitarias del capitalismo, al final del siglo XX, se convirtieron muy pronto en pesadillas de exterminio, negación, racismo y miseria. La gloria apenas fue gloriosa para unos pocos, y, en cambio, fue una angustia para las extensas y crecientes franjas de población de los países desarrollados, clases medias en declive, clases bajas siempre abajo. Y, claro está, fue un suplicio para los excluidos habitantes de los países periféricos.





En el remate de feria global, los grandes medios de los grandes capitales jugaron un papel central. Ellos impulsaron todos y cada uno de aquellos eventos ambulantes de la plutocracia poseedora y poseída: el filosófico (la posmodernidad), el ideológico (la debacle del comunismo), el histórico (el fin de una historia sin fin), el económico (capitalismo a sus anchas, neoliberalismo lanza en ristre) y el político (el gobierno específico de unos cuantos pillos como la democracia ideal).

Esos medios siguen jugando un papel decisivo en el desespero social consecuente, el del presente, fortalecido con la eclosión digital, internet y las demás tecnologías magníficas y escalofriantes que alientan los odios de unos contra otros, exacerban miedos y prejuicios, o tientan con las salidas de emergencia que dan hacia los regímenes abusivos y dictatoriales de la ultraderecha, de Trump y sus cómplices a Bolsonaro y los suyos, por ejemplo.


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