La modernidad nunca fue tan antigua. Una empresa con más de 10.000 trabajadores, repartidos en 59 fábricas por 41 países de todos los continentes, anuncia que va a dejar sin el sustento para vivir a 128 trabajadores porque los más de 44 millones de euros que facturan anualmente son insuficientes. Y a estos solo les queda encerrarse en un palacio de Dios, en este caso, la Catedral de Oviedo, para que alguien les preste atención. Los templos del neofeudalismo del postcapitalismo están en la City de Londres y en Wall Street de Nueva York. Pero sus vasallos, ante el abandono de las supuestas instituciones democráticas que deberían defenderles, tienen que volver a encerrarse en las catedrales por si el resplandor de las centenarias vidrieras atraen el interés de las cámaras y de la ciudadanía.
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Los trabajadores de Vesuvius podrían inspirar con su lucha a todas esas personas que, teniendo un trabajo, no pueden pagar ni siquiera un alquiler; y a todas aquellas que por no tener no tienen ni iglesia o catedral en la que refugiarse, ni Dios al que rezar, ni partido político al que votar", escribe la autora.
En septiembre, la multinacional con sede en Reino Unido Vesuvius, dedicada a la elaboración de productos refractarios para la siderurgia, anunció el cierre de sus factorías de Langreo (Asturias), con 111 empleados, y Miranda del Ebro (Burgos), con 17.
Negocio redondo el de este neoliberalismo que sacraliza la privatización de los beneficios y la socialización de las pérdidas: Vesuvius se lucraba con una inyección de fondos públicos a la vez que se deshacía de los trabajadores con mejores condiciones laborales para sustituirlos por mano de obra barata, prescindible, despojada de esos derechos que costaron sudor, lágrimas, represión y muerte. La estrategia de Vesuvius no era una excepción sino la regla, el modus operandi que ha instalado una industria transnacional que chantajea así a los países del Norte Global a cambio de no trasladarse en su totalidad al Sur Global. No hay fronteras para el despojo.
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