Segunda huelga feminista, movilizaciones contra la violencia sexual, jornadas feministas de Durango… La potencia de los movimientos feministas que se desplegó con un 8M masivo y convirtió 2018 en el año que gritamos la violencia sexual ha seguido fortaleciendo músculo en 2019.Pero esa potencia no ha pasado desapercibida a quienes crean y difunden la contrarreacción machista, que en 2019 —tras el ensayo de Andalucía— entró de lleno en las instituciones.
Junto a “la culpa no era mía”, los feminismos han continuado en 2019 con otra misión posible (e impostergable): la de explicar que las violencias machistas son múltiples y van mucho más allá de la violencia de género en pareja.
Unas violencias que impregnan la administración de la justicia y que despliegan su furia con la aplicación desde los juzgados del llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP). A lo largo de 2019 hemos explicado de dónde viene, cómo opera y con qué consecuencias este falso síndrome.
Y otra potencia que nos emociona: la de las mujeres que luchan contra la precariedad. En concreto, la de las kellys y las empleadas domésticas.

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