En medio de la incertidumbre sobre el futuro político y económico de Bolivia por las acciones y decisiones del gobierno de facto de Jeanine Añez, llamado de “transición”, que busca desmontar el proceso nacional-popular y antiimperialista desarrollado durante los pasados catorce años bajo la presidencia de Evo Morales, el proceso electoral arranca con la inscripción de ocho candidaturas que muestran al Movimiento Al Socialismo (MAS) con amplias posibilidades de conseguir ganar las mismas en la primera vuelta. Los fantasmas de Evo Morales y el MAS se han convertido en una pesadilla para el proyecto imperialista de dominación y para las oligarquías locales y sus candidatos.
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Proclamación del candidato del MAS Luis Arce en El Alto
A pesar de la represión, persecución, detención y amedrentamiento a varios exministros, exautoridades y dirigentes de los movimientos populares desde el golpe de estado del 10 de noviembre pasado, la rearticulación de fuerzas del Pacto de Unidad --campesinos, indígenas, colonizadores, trabajadores, vecinos urbano populares y mujeres originarias-- y de los sindicatos de la Central Obrera Boliviana (COB) ha conseguido formar un bloque social y político de fuerte peso para las elecciones del próximo 3 de mayo. Evo Morales, primero asilado en México y ahora refugiado en Argentina ha sido nombrado jefe de la campaña electoral del MAS.
En paralelo, las fuerzas sociales y políticas, que coordinaron con el motín policial y el pronunciamiento militar para el derrocamiento de Morales, conformadas por sectores medios y acomodados, principalmente, se han fragmentado en varias candidaturas a pesar de la presión de las plataformas ciudadanas y de la estrategia establecida por la embajada de Estados Unidos en La Paz. El sistema electoral boliviano establece que es ganadora en primera vuelta la fórmula que consigue 40% o más de votos con una diferencia de 10% frente al segundo.
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