dissabte, 7 de març del 2020

ESPAÑA: Ninguna ambición por la escuela laica


El proyecto del gobierno de reforma educativa que se acaba de presentar para su trámite parlamentario es, desgraciadamente, un proyecto que no va a cambiar demasiado el sistema educativo. En realidad, un sistema educativo no se reforma per se por ninguna ley ya que son muchos los factores que influye en la evolución del mismo. Pero nuestro sistema educativo es mediocre, segrega socialmente y no promueve la igualdad de las personas. Revertir esa situación es luchar hoy contra corriente y el gobierno ha preferido hacer lo que los gobiernos vienen haciendo desde décadas: mantener un sistema cada año más segregado socialmente




Ha sido Emilio Lledó quien lo ha advertido desde diversas tribunas: “El permitir que el poder económico pueda determinar la calidad de la enseñanza o, lo que es más sarcástico, que el Estado subvencione con dinero público ciertos intereses ideológicos de un buen aparte de colegios más o menos elitistas parece, en principio, no solo una aberración pedagógica sino una clamorosa injusticia (…) El principio esencial del sueño igualitario es la educación. Su más equitativo y generoso instrumento es la educación pública, con la pedagogía de la justicia y la solidaridad. El mal más terrible que puede instalarse en la consciencia democrática es, por el contario, el cultivo solapado e hipócrita de la diferencia y la desigualdad”. Así de claro lo ha dicho, pero nadie quiere escuchar a los filósofos. Nuestro modelo educativo reproduce la segregación social existente distribuyendo a los niños y niñas, no en función de sus capacidades y necesidades, sino de su pertenencia a tal o cual nivel social y para ello utiliza un sistema público y otro privado, financiado públicamente.

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