dimarts, 3 de març del 2020

¿Subir las vallas de Ceuta y Melilla? ¿Para qué, exactamente?


Cualquiera de las personas que nos dedicamos a estudiar las migraciones sabe que la llamada migración económica es un movimiento humano que, en buena medida, se autorregula. Los migrantes van allí donde se les ofrece trabajo y dejan de ir cuando eso ya no es así. Los estudios del Pew Research Center han dejado meridianamente claro que la inmigración recibida en Estados Unidos, procedente sobre todo de México y otros países latinoamericanos, ha seguido esa pauta desde principios del siglo XX: los flujos han crecido al mismo ritmo que lo hacía la economía y se necesitaba mano de obra.




En Europa ha pasado lo mismo. La inmigración recibida en los años noventa y los dos mil ha ido fundamentalmente a los países que tenían mayores tasas de crecimiento, o a países que crecían con un modelo económico de utilización intensiva de mano de obra, como eran los casos de Irlanda y España. El ejemplo de España es nítido: a finales de los noventa se hizo una clara apuesta por un crecimiento basado en el sector de la construcción (ley del suelo del 98, nuevas facilidades de financiación…), lo que en los años dos mil supuso que aquí se necesitara más mano de obra que en ningún otro país europeo. Entre el 2000 y el 2008, España fue el primer país del mundo receptor de inmigración en términos relativos a la población.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada