El 2 de febrero el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, dio inicio a las obras del futuro colegio cívico-militar de São Paulo, en el marco del programa lanzado por su gobierno para impulsar este tipo de instituciones en el país sudamericano.
La concreción de este establecimiento paramilitar, a inaugurarse en 2022, resulta de la asociación entre el Gobierno federal y la Federación de Industrias del Estado paulista (Fiesp), la patronal más poderosa de Brasil. Según las mentes afiebradas del régimen fascista presidido por el ex capitán del ejército, la ‘propuesta educativa’ pasa por inaugurar más de 200 centros de este tipo en todo el país antes de la finalización del mandato presidencial de Bolsonaro.
“Uno de los objetivos para sacar a Brasil de las peores posiciones en las clasificaciones educativas internacionales es combatir la basura marxista que se ha extendido en las instituciones educativas”, escribió Jair Bolsonaro en Twitter en vísperas de su asunción presidencial. La guerra estaba declarada.
Para el gobierno fascista la batalla ideológica comienza por la retirada del legado del pedagogo y filósofo Paulo Freire de los centros educativos, que, según el presidente brasileño y vastos sectores conservadores, convierte a los estudiantes en “militantes políticos”. Paulo Freire, que murió en 1997, fue uno de los educadores más influyentes del siglo XX y fundador de la ‘pedagogía de los oprimidos’.
La educación popular nace en América Latina como pedagogía de ‘los oprimidos’, que comprendiendo las razones de su opresión se organizan para enfrentar a la explotación capitalista e imperialista. Al caminar se transformó además en pedagogía de ‘las oprimidas’ y de quienes sintiéndose vulneradas por el patriarcado, enfrentan su dominación; entrelazándose rápidamente con experiencias de descolonización cultural de más de cinco siglos de resistencia indígena, negra y popular. Una pedagogía de la rebeldía, de la esperanza, de la libertad. Una pedagogía que tiene en su horizonte el socialismo, no como calco ni copia, sino como creación heroica de los pueblos, tal como lo concibiera José Carlos Mariátegui.


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