dilluns, 13 d’abril del 2020

Catorce millones de gitanos celebran su día


La mayoría de los gitanos y gitanas que ya tenemos una cierta edad, estamos de acuerdo en reconocer que la vida colectiva de nuestro pueblo tiene un antes y un después del mítico Congreso de Londres de abril de 1971.

Días pasados yo escribía que «aquel cónclave supuso un aldabonazo a la sociedad mundial para advertirles de nuestra existencia, de nuestros problemas y sobre todo de nuestras ilusiones». Y efectivamente, así fue.




En aquel Congreso se institucionalizó nuestra bandera que «no debía competir ni desplazar a la del país donde vivíamos porque la azul y verde encerraba un significado que, siendo profundamente gitano, lo podían hacer propio todos los ciudadanos y ciudadanas libres del mundo. Azul arriba para señalar que ese es nuestro único techo y verde abajo para dejar constancia de que el verde de los campos es nuestro único suelo».



Queríamos ser reconocidos por todas las naciones del mundo, porque todos, de un confín a otro del planeta, nos reconocíamos como un solo pueblo. El 8 de abril de 1971 se produjo el milagro porque logramos que desde entonces las Naciones Unidas atendieran nuestra petición y nos otorgara un Estatuto de reconocimiento universal como Minoría Cultural no Gubernamental

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