El caricaturista Allan McDonald le rinde homenaje a Roque Dalton en su 45 aniversario de su asesinato y 85 años de su nacimiento
Roque Dalton murió en los avatares de los gérmenes guerrilleros. Sus verdugos creyeron que con asesinatos se promovía la revolución. Fue una muerte envuelta en paños de ortodoxia revolucionaria, fanatismos políticos y militarismo, todas estas enfermedades que arrastramos como sociedad y que nos han causado tanto, pero tanto mal.
Los que tuvimos la oportunidad de conocer a Dalton, quizá no físicamente, sino por las cercanías familiares, comprendimos la genialidad de un hombre de esperanza, que creyó en sus principios y que reflejó su causa en un pueblo entero. Su legado debe ser rescatado como patrimonio nacional.
Para hacer efectivo la reivindicación de su memoria, se debe resolver un problema ético dentro de la izquierda: no se puede pedir que se esclarezcan otros abominables crímenes, viendo con soslayo los pecados propios.
Es hora de que los testimonios ayuden a esclarecer la verdad del asesinato del poeta. No hacerlo contribuye a perpetuar la impunidad, a proporcionar fuerza moral a los grandes asesinos de los sueños y de las esperanzas. Como dijera Pablo Neruda, “podrán cortar las flores pero no detendrán la primavera”. La izquierda debe dar muestras verdaderas de reconciliación para cristalizar el “turno del ofendido”.

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