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dissabte, 25 de juliol de 2020

Tres historias, tres vidas truncadas y los siguen asesinando


Razón tenía Michel Forst, entonces relator de DD. HH. de Naciones Unidas, cuando afirmó que Colombia es uno de los países más peligrosos para los defensores de derechos humanos. Son cientos de líderes y lideresas sociales asesinados por defender los derechos de sus comunidades, por proteger el medio ambiente, por intentar recuperar las tierras que les fueron arrebatadas por actores armados, por exigir el cumplimiento del Acuerdo de Paz, por clamar que se conozca la verdad, se haga justicia y se repare a las víctimas de más de seis décadas de conflicto armado. Por defender la vida y la paz.




Con cada lideresa o líder social asesinado, no solo le están quitando la vida a una persona. Los perpetradores de estas muertes están dejando una estela de dolor, abandono, impotencia, rabia e indignación en miles de personas que ven destrozados sus sueños y su esperanza de poder vivir en condiciones dignas. Para no hablar de los cientos de padres, madres, hermanos, huérfanos, nietos, amigos, compañeros y compañeras de vida y de lucha a quienes les arrebatan a sus seres queridos y lloran su partida en silencio.

Hoy, como lo han hecho durante las últimas semanas los columnistas de varios medios de comunicación, quiero honrar y rendirle un homenaje a la vida y la lucha de tres de estos líderes¹.

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