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martes, 9 de agosto de 2016

La encíclica Laudato Si y el modelo de desarrollo

Durante el siglo XX se instaló la idea que los países en vías de desarrollo debían copiar las recetas de los países más industrializados para lograr una evolución progresiva hacia mejores niveles de vida.  La visión del desarrollo era esencialmente económica.  Crecimiento y desarrollo eran sinónimos, para muchos economistas.




Luego, voces críticas plantearon que el subdesarrollo no era una fase previa al desarrollo sino la consecuencia del colonialismo y el imperialismo; surgen también críticas centradas en lo ambiental desde el club de Roma, la cumbre de Estocolmo.  Los distintos informes coinciden que el incremento de la industrialización, la contaminación y el consumo de recursos tenían límites y que traspasarlos nos llevaría a un colapso planetario.  Un momento importante en esos tiempos que aparecía como punto de inflexión fue la conferencia de Río en 1992, donde se llegó a acuerdos sobre el necesario equilibrio entre el ambiente y el desarrollo.  Pero a pesar de las múltiples cumbres sobre el ambiente y el cambio climático, nada hizo cambiar el rumbo o aminorar la marcha del modelo de desarrollo globalizado. 

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