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martes, 23 de agosto de 2016

Los Panama Papers y la respuesta de doble rasero de la UE





Mossack Fonseca no creó 214.000 empresas solamente para sus clientes en Panamá.  La mentalidad transfronteriza es parte integral de la evasión y elusión fiscal y otras formas de actividad financiera ilícita.  Ocultar dinero de las respectivas autoridades nacionales casi siempre implica su transferencia a través de numerosas fronteras, hacia jurisdicciones que aplican el secreto fiscal, para que finalmente regrese al bolsillo propio. 
 Los clientes de Mossack Fonseca llegaron de todas partes del mundo, pero aún así, siendo que el bufete era (tristemente) célebre por su capacidad de aligerar las obligaciones fiscales, sus clientes no afluyeron por sí solos.  Fueron otros abogados, banqueros de inversión y similares, los que conectaron comprador con vendedor.  Los datos de los Panama Papers dan una idea de dónde provinieron estos clientes y sus intermediarios: Hong Kong, Suiza, Reino Unido y Luxemburgo, todos tenían más intermediarios activos trabajando con Mossack Fonseca, que Panamá o cualquier otro país de las Américas.  
El éxito de Mossack Fonseca no fue resultado de la falta de supervisión de los reguladores panameños, si bien ésa también figura en la ecuación.  Este particular bufete legal de Panamá era apenas un nodo de una amplia red de actores que juntos tejieron la tela de secretismo offshore (extraterritorial).  Los datos muestran que para encontrar los otros nodos, es preciso iniciar la búsqueda en Europa.

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