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jueves, 1 de septiembre de 2016

Chavismo y revolución. Qué pasa en Venezuela


El chavismo es, para decirlo con John William Cooke, “el hecho maldito de la política del país burgués”[i]. Cooke se refería, claro está, al peronismo, en un texto de 1967, pero la sentencia aplica para el caso venezolano.




Si a comienzos de los años cuarenta del siglo veinte, Acción Democrática significó el ascenso de la clase media emergente, que a su vez hizo posible la incorporación ordenada de las clases populares a la escena política, siempre subordinada a la burguesía nacional y sometida a la voluntad del capital transnacional, y con el propósito de sentar las bases de la democracia liberal burguesa (tarea que ya había adelantado Medina Angarita), en el caso del chavismo el protagonismo descansa casi siempre en las clases populares, bien por voluntad expresa de Chávez, bien porque el propio chavismo demanda mayor participación y más radicalidad. 

Ya no es el sujeto que interviene “ordenadamente”, sino uno que emplea sus fuerzas en la refundación de la República, empresa histórica que pronto se traduce en la imposición de límites a los poderes económicos, y en las progresivas conquistas de derechos, particularmente económicos, sociales y culturales.  

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