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viernes, 7 de octubre de 2016

Debemos captar energía, en lugar de consumir materiales energéticos


La  energía no se consume, sólo se transforma, se utiliza y se degrada. El hecho de que se asocie energía con consumo tiene que ver que durante el siglo XX se ha asociado energía a combustibles fósiles y estos, si que se consumen y desaparecen al utilizarlos.




La producción de energía desde la revolución industrial se ha basado en la quema de carbón, petróleo o gas para generar calor con el cual se pone en marcha una turbina o un motor que genera energía. Es por eso que al quemar estamos provocando que un bien material desaparezca y por tanto se consuma. En cambio, la energía, una vez liberada tras la quema, la utilizamos, la transformamos, la derrochamos, pero no la consumimos. Por tanto, lo primero que hay que hacer es cambiar el lenguaje. No consumimos energía sino que consumimos materiales energéticos.

La quema de combustibles fósiles debe dar paso a la captación de los flujos energéticos de la biósfera si queremos sobrevivir como civilización y no sucumbir al cambio climático.

La actual crisis energética tiene que ver con la idea imperante desde finales del siglo XIX de que la energía ya nos la proporcionarán. El nuevo paradigma energético nos permite ser a cada uno de nosotros individualmente o colectivamente. De la misma forma que nos preocupamos de obtener la energía para nuestras necesidades alimentarias debemos participar en la captación de la energía exosomática para nuestras actividades cotidianas.

Salir de la era del fuego para entrar en la era de los flujos


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