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jueves, 23 de marzo de 2017

CLAP: EL INVENTO VENEZOLANO



Desde el principio se los tomaron a broma. Los ridiculizaron e infravaloraron. Y sin embargo, hoy en día, los CLAP, los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, son una de las políticas públicas más respaldada por los venezolanos. El 60% cree que son una decisión acertada frente a la emergencia económica (según Hinterlaces). Esta percepción positiva se sustenta en un dato objetivo: en la actualidad, los CLAP llegan a seis millones de personas. Inclusive desde las terminales analíticas opositoras se reconoce que los CLAP han logrado ser muy efectivos y han rebajado la tensión social. La consultora Datanalisis, por ejemplo, reconoce que cerca del 50% de la población venezolana recibe productos de los CLAP. Nada más y nada menos que la mitad del país.




Por el momento, los CLAP se centran en la distribución de alimentos necesarios a precios justos. Son una respuesta al exceso de intermediación, al abuso de los precios y a las fallas distributivas. Evitan muchos de los círculos viciosos que enferman a la economía venezolana y forjan una relación directa entre bienes producidos o importados y consumo del hogar. En esta tarea, el Poder Popular juega un papel fundamental porque es el encargado de la distribución y la organización de las familias que reciben muchos bienes preferentes. El Estado actúa como facilitador porque en esta primera fase es quién suministra los bienes para ser distribuidos vía CLAP, sea comprando a los productores locales o importando directamente aquello que sea necesario. No obstante, eso solo ha sido el inicio. Porque ya ha arrancado una segunda fase en la que el objetivo es que esos mismos espacios organizados comiencen a producir.

 Los CLAP son una respuesta en lo ideológico pero que viene cargado de alta dosis material. He aquí su gran fortaleza. No sólo es una forma teórica alternativa, sino que se trata de una respuesta que se percibe materialmente en cada barrio, en cada calle, en cada casa. Los CLAP comienzan a configurar, a fuego lento y por ahora en una etapa todavía muy incipiente, un nuevo metabolismo socioeconómico que deberá batallar con el viejo orden enfermo aún existente.

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