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viernes, 16 de junio de 2017

Adoctrinados contra Cuba desde la cuna



Siempre he pensado, dicho y escrito que, entre los visitantes extranjeros que llegan a Cuba, aquellos que más se impactan por bondades naturales y morales de Cuba son los estadounidenses. Atribuyo este extraño fenómeno al hecho que, a partir de 1959, desde que nacen hasta la tumba, los estadounidenses han estado viendo, oyendo y leyendo propaganda contra la Isla.




Cuando pisan tierra cubana se sorprenden de muchas cosas que para los visitantes de otros países son conocidas: el vasto apoyo de la población a la revolución socialista; la alegría y felicidad con que participan los cubanos en la construcción social; la censura unánime al bloqueo económico y a la hostilidad que el gobierno de su país practica hacia Cuba. Todo ello contrastante con la acogida hospitalaria que Cuba ofrece a los visitantes estadounidenses, que es manifiestamente preferencial.

Me viene a la mente un artículo del conocido periodista William Blum, con motivo del fallecimiento del líder revolucionario Fidel Castro, en su columna Anti Empire Report que difunde la prensa alternativa norteamericana. Blum destacaba que el calificativo más frecuente que se leía en los medios de comunicación sobre la muerte de Fidel era el que lo señala como dictador. Casi cada párrafo de todo escrito sobre Cuba en los medios de comunicación estadounidenses desde la revolución de 1959 se refiere al gobierno de la Isla con el epíteto de dictadura. Pero, ¿qué es lo que tiene y qué le falta a Cuba para ser una dictadura?, se pregunta Blum.

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